Los pavimentos rojos acentúan el sentido direccional de la arquitectura, delimitando claramente su perspectiva, e influyendo en el lugar donde se encuentren
Los pavimentos azules aportan profundidad a la arquitectura, de manera que realzan cualquier elemento arquitectónico y ayudan a obtener la convergencia de líneas en nuestros espacios.
Los pavimentos amarillos desendocan la línea arquitectónica y relativizan su perímetro y volumen. Son muy útiles por su luminosidad y muy integrables en su entorno.